miércoles, 6 de enero de 2016

"La Pedagogía Negra " extraído del libro "Por tu Propio Bien", Raíces de la violencia en la Educación del Niño , de lA



En varios de sus libros la psicoanalista Alice Miller , se refiere a la "Pedagogía Negra"
Esta sería una síntesis de los principales temas que aborda  en su libro "Por tu Propio Bien".
Raíces de la violencia en la Educación del Niño.

-La pedagogía negra basa la enseñanza en el miedo y el castigo. 

-La pedagogía negra busca la obediencia. Considera ser obediente como una virtud. Un niño "bueno" es un niño "obediente". 

-La pedagogía negra es la pedagogía de la dominación. Una persona manda y otra obedece. Es la base por la cual se reproducen las demás formas de dominación social. Si aprendemos desde niños a ser "obedientes", luego lo seremos en el ejército, en el trabajo, en la política, y en todas las demás instancias de dominación. Así se construyen y normalizan las jerarquías sociales. 

-La pedagogía negra utiliza métodos conductistas, mecanismos de estímulo-respuesta a través del castigo o el premio, para generar conductas "deseables" por quien posee el poder, en este caso, los adultos frente a los niños. Es por tanto manipuladora. 

-La pedagogía negra castiga, golpea, hace llorar y le dice al niño que es "por su propio bien". Como consecuencia, el niño pierde su capacidad innata de distinguir el bien (lo amoroso, lo placentero) del mal (la violencia, el dolor). Y esta es a mi parecer, la peor de las consecuencias de la pedagogía negra. Perdemos el rumbo emocional, el centro psíquico, y luego constantemente tenemos que estarlo buscando afuera, en figuras de "autoridad", a través de laaprobación externa. 

-Como consecuencia de lo anterior, el adulto también pensará que la violencia, siempre o en ocasiones, está bien, es útil y necesaria. Es decir, la propia defensa de la pedagogía negra es la consecuencia de haberla recibido. Y así se reproduce de generación en generación. El "mal", el "pecado original", la ira, el miedo y la necesidad de relacionarnos de manera violenta, se transmite de generación en generación a través del uso de la pedagogía negra de padres a hijos.

-La pedagogía negra daña la dignidad y también la inteligencia. Crea inseguridad, falta de autoestima, miedos y dudas que se arrastran a lo largo de la vida. Nos hace desconfiar de nuestros propios criterios y capacidades. 

-La pedagogía negra crea seres sumisos, o por el contrario, seres violentos que desviarán la violencia recibida hacia otras personas más débiles de su entorno, o en el mejor de los casos, la convertirán en rebeldía social. Las personas víctimas de la pedagogía negra suelen ser sumisos con sus "superiores"  o personas más fuertes o de más alta jerarquía social, y se ensañan con las personas a quienes consideran más "débiles". 

-La pedagogía negra se disfraza, se justifica y se cuela por todas partes, disfrazada de buenas intenciones o de "trasfondos de cariño". Por tanto, manda al inconsciente el verdadero daño causado, y genera una "sombra" individual, familiar y colectiva que niega lo evidente: que hemos sido dañados por las personas que debían amarnos y protegernos. 

-La pedagogía negra es el mecanismo por el cual se sostiene la mentira colectiva, el hechizo, elembrujo, consistente en aparentar que todos tenemos familias maravillosas, madres y padres que nos quieren y a quienes queremos. Y enmascara el verdadero lugar donde se produce y reproduce lafalta de amor, de empatía y de paz que luego vemos a nivel macrosocial. Desvincula lo doméstico de lo público, de lo político.

-La pedagogía negra instituye la mentira, la violencia y la hipocresía como forma "normal" de relacionarse entre personas que supuestamente se quieren. Invierte por tanto el sentido del amor. Si consideramos que la violencia no es amor por ejemplo, en una relación de pareja, ¿cómo es que podemos pensar que sí lo es sobre los niños?

-La pedagogía negra considera que pequeñas (¿quién decide cuáles son pequeñas?) o mayores dosis de violencia son "necesarias". No ya que sean quizás inevitables, porque no somos perfectos, sino que las legitima como instrumentos necesarios para la educación e incluso para la paz social.

-La pedagogía negra considera que pequeñas violencias contra los niños contrarrestarán o evitarán otras formas mayores de violencia social. Cuando en realidad, son su origen. La pedagogía negra invierte el sentido moral.

-La pedagogía negra que recibimos nos duele, nos duele tanto, que no queremos verla ni hablar de ella. La justificamos y la envolvemos en papeles de seda, para no poner el dedo en nuestras llagas.


Textos de el libro El cuerpo nunca miente de Alicia Miller

Escribe Alicia Miller,  psicóloga y filósofa  norteamericana de origen polaco Alice Miller , en su libro "El Cuerpo Nunca Miente:


-Las enfermedades tienen un origen psicosomático, emocional. La mente y la conciencia olvidan, pero no el cuerpo. Nuestro cuerpo guarda memoria absolutamente de todo lo que ha vivido alguna vez. Lo que nuestra memoria olvida se va al inconsciente y se convierte en sombra, en ira, en violencia, en depresión y en enfermedades de todo tipo. 

-Ese origen emocional está anclado en la infancia, cuando nuestro sistema emocional está en formación y nuestras emociones fueron negadas repetidamente, ya sea a través de violencia física, o a través de las diferentes formas de "pedagogía venenosa" que niega las necesidades afectivo-emocionales de los niños: "no llores", "no protestes", "no te enfades", "obedece". 

-Uno no puede hablarle al cuerpo de preceptos éticos. Su funciones, como la respiración, la circulación, la digestión, reaccionan sólo a las emociones vividas y no a preceptos morales. El cuerpo se ciñe a los hechos. El cuerpo habla lo que la moral oculta. 

-El cumplimiento a ciegas del cuarto mandamiento "Honrarás a tu padre y a tu madre" ha traído mucho sufrimiento. No se puede honrar a los padres, cuando éstos han abusado de su poder, sino al precio de la enfermedad. La veneración incondicional de los padres puede traer trágicas consecuencias. El mismo Moisés fue un niño abandonado. 


-La religión y el concepto de Dios está relacionada con las vivencias infantiles y con el tipo de autoridad que tuvimos que obedecer desde pequeños. 

-La mayor parte de los terapeutas están incapacitados para buscar el verdadero origen de las dolencias de sus pacientes, dado que ellos mismos están atrapados y nunca han revisado sus propias infancias. Así estamos todos encerrados en el mismo "matrix" del cuarto mandamiento. 

-El cuerpo se pasa la vida entera buscando el alimento que con tanta urgencia necesitó en la infancia pero que nunca recibió: "Un niño, cuando nace, necesita el amor de sus padres, es decir, necesita que éstos le den su afecto, su atención, su protección, su cariño, su tiempo, sus cuidados y su disposición a comunicarse con él. Equipado para la vida con estas virtudes, el cuerpo conserva un buen recuerdo y, más adelante, el adulto podrá dar a sus hijos el mismo amor. Pero cuando todo esto falta, el que entonces era un niño mantiene de por vida el anhelo de satisfacer sus primeras funciones vitales; un anhelo que de adulto proyectará sobre otras personas. Por otra parte, cuanto menos amor haya recibido un niño, cuanto más se le haya negado y maltratado con el pretexto de la educación, más dependerá, una vez adulto de sus padres o de figuras sustitutivas, de quienes esperará todo aquello que sus progenitores no le dieron de pequeño. Esta es la reacción natural del cuerpo. El cuerpo sabe de qué carece, no puede olvidar las privaciones, el agujero está ahí y espera ser llenado."

Para Alice Miller, el cuerpo es nuestra última esperanza. Podemos refugiarnos en la moral, las costumbres, el cinismo, la ironía, la filosofía, la literatura, las drogas o los medicamentos. Podrá permanecer oculta la verdadera lacra de la humanidad a los ojos de todo el mundo, pero el cuerpo habla. Por eso hay tanta resistencia a reconocer el origen emocional de la enfermedad. Pero ahí está. Él tiene la última palabra. 

La raíz de la violencia 12 Puntos por Alice Miller




Hace ya varios años que está científicamente comprobado que los efectos devastadores de los traumatismos infligidos a los niños repercuten inevitablemente sobre la sociedad. Esta verdad concierne a cada individuo por separado y debería –si fuese suficientemente conocida– llevar a modificar fundamentalmente nuestra sociedad, y sobre todo a liberarnos del crecimiento ciego de la violencia. Los puntos siguientes ilustrarán esta tesis.


  • Cada niño viene al mundo para expandirse, desarrollarse, amar, expresar sus necesidades y sus sentimientos.
  • Para poder desarrollarse, el niño necesita el respeto y la protección de los adultos, tomándolo en serio, amándolo y ayudándolo a orientarse.
  • Cuando explotamos al niño para satisfacer nuestras necesidades de adulto, cuando le pegamos, castigamos, manipulamos, descuidamos, abusamos de él, o lo engañamos, sin que jamás ningún testigo intervenga en su favor, su integridad sufrirá de una herida incurable.
  • La reacción normal del niño a esta herida sería la cólera y el dolor. Pero, en su soledad, la experiencia del dolor le sería insoportable, y la cólera la tiene prohibida. No le queda otro remedio que el de contener sus sentimientos, reprimir el recuerdo del traumatismo e idealizar a sus agresores. Más tarde no le quedará ningún recuerdo de lo que le han hecho.
  • Estos sentimientos de cólera, de impotencia, de desesperación, de nostalgia, de angustia y de dolor, desconectados de su verdadero origen, tratan por todos los medios de expresarse a través de actos destructores, que se dirigirán contra otros (criminalidad, genocidio), o contra sí mismo ( toxicomanía, alcoholismo , prostitución, trastornos psíquicos, suicidio).
  • Cuando nos hacemos padres, utilizamos a menudo a nuestros propios hijos como víctimas propiciatorias: persecución, por otra parte, totalmente legitimada por la sociedad, gozando incluso de un cierto prestigio desde el momento en que se engalana con el título de educación. El drama es que el padre o la madre maltratan a su hijo para no sentir lo que le hicieron a ellos sus propios padres. Así se asienta la raíz de la futura violencia.
  • Para que un niño maltratado no se convierta ni en un criminal, ni en un enfermo mental es necesario que encuentre, al menos una vez en su vida, a alguien que sepa pertinentemente que no es él quien está enfermo, sino las personas que lo rodean. Es únicamente de esta forma que la lucidez o ausencia de lucidez por parte de la sociedad puede ayudar a salvar la vida del niño o contribuir a destruirla. Esta es la responsabilidad de las personas que trabajan en el terreno del auxilio social, terapeutas, enseñantes, psiquiatras, médicos, funcionarios, enfermeros.
  • Hasta ahora, la sociedad ha sostenido a los adultos y acusado a las víctimas. Se ha reconfortado en su ceguera con teorías, que están perfectamente de acuerdo con aquellas de la educación de nuestros abuelos, y que ven en el niño a un ser falso , con malos instintos, mentiroso, que agrede a sus inocentes padres o los desea sexualmente. La verdad es que cada niño tiende a sentirse culpable de la crueldad de sus padres. Y como, a pesar de todo, sigue queriéndolos, los disculpa así de su responsabilidad .
  • Hace solamente unos años, se ha podido comprobar, gracias a nuevos métodos terapeúticos, que las experiencias traumatizantes de la infancia, reprimidas, están inscritas en el organismo y repercuten inconscientemente durante toda la vida de la persona. Por otra parte, los ordenadores que han grabado las reacciones del niño en el vientre de su madre, han demostrado que el bebé siente y aprende desde el principio de su vida la ternura, de la misma manera que puede aprender la crueldad.
  • Con esta manera de ver, cada comportamiento absurdo revela su lógica , hasta ahora ocultada, en el mismo instante en que las experiencias traumatizantes salen a la luz.
    Una vez conscientes de los traumatismos de la infancia y de sus efectos podremos poner término a la perpetuación de la violencia de generación en generación.
  • Los niños, cuya integridad no ha sido dañada, que han obtenido de sus padres la protección, el respeto y la sinceridad necesaria, se convertirán en adolescentes y adultos inteligentes, sensibles, comprensivos y abiertos. Amarán la vida y no tendrán necesidad de ir en contra de los otros, ni de ellos mismos, menos aún de suicidarse. Utilizarán su fuerza únicamente para defenderse. Protegerán y respetarán naturalmente a los más débiles y por consecuencia a sus propios hijos porque habrán conocido ellos mismos la experiencia de este respeto y protección y será este recuerdo y no el de la crueldad el que estará grabado en ellos.
Más sobre Alice Miller:

http://www.screamsfromchildhood.com/articulos_alice_miller.html

http://www.alice-miller.com/

Brizna de aire

El día comenzó sin sabor. Transcurrió amargo, oscuro, en un pozo.   Pero ,  mágicamente ,  bastó una brizna de aire para volver a la sup...